La Intrusa de Jorge Luis Borges

    "La intrusa" es un cuento escrito por Jorge Luis Borges, uno de los más destacados exponentes de la literatura latinoamericana. El cuento fue publicado por primera vez en 1954 en su libro "El Aleph".

    El relato trata sobre el inusual enamoramiento de dos hermanos de una misma mujer, lo cual desata un conflicto que va acumulando tensión hasta ser resuelto cuando uno de ellos la asesina.


 

    Cristián ofrece su mujer a Eduardo. En cuanto al estilo, el narrador de "La intrusa", en el párrafo antes citado, continúa focalizado en la conciencia de los testigos que le refirieron la histo- ria, pero también se permite emitir juicios de valor desde su postura de compilador, con lo que alterna un discurso indirecto libre, donde observamos el dialecto de los testigos del arrabal (primer párrafo); un discurso directo, al dejar hablar a Cristián, y un discurso narrativizado, donde filtra la observación de que la Juliana era una cosa (tercer párrafo). Esto permite un cierto grado de dialogismo, donde los puntos de vista tanto de los hermanos como de los infor- mantes y del narrador, alternan, permitiendo al lector examinar los tres discursos, las visiones de mundo y los ideologemas que conlle- van para asumir la postura que le parezca más conveniente. Esta posibilidad es muy acertada en un momento del relato en que los valores occidentales acerca del amor y la convivencia son puestos en entredicho:

 Pérez, Bernal. Ángeles, "El texto bíblico en La Intrusa de Jorge Luis Borges", en Escritor, Revista del centro de ciencias del lenguaje, n° 28, julio-diciembre de 2003, pp. 105-124


La mujer en el discurso

     En la cita de Pérez Bernal se habla sobre el uso del discurso directo, indirecto y narrativizado en “La Intrusa” que permite al lector analizar los distintos puntos de vista teniendo en cuenta su ética y moral. A base de la cita, nosotras creemos que es importante conocer ambos discursos, ya que así se logra un mayor entendimiento del relato, como dice Bernal: “esto permite un cierto dialogismo”. Con este fragmento citado, sostenemos la postura de que al relato se le infiere un mayor valor al poder contrastar diferentes ideas y/o ideologías entre los personajes y el narrador. Para demostrar esto, Borges utiliza el discurso directo para representar las conversaciones y diálogos entre los personajes, donde se puede apreciar la esencia realista que nos brinda el cuento. Un ejemplo es cuando dicen: “-Yo me voy a una farra en lo de Farías. Ahí la tenés a la Juliana; si la querés, usala”, aquí se demuestra la forma cruda de hablar característica de los gauchos de la época, donde a la mujer (Juliana) se la consideraba un objeto manipulable. 

    En contraste, el narrador, quien nos presenta un discurso narrativizado, cuenta con un juicio más correcto al no tratar de forma ruin a la chica, tal como se señala en este caso: “La mujer atendía a los dos con sumisión bestial; pero no podía ocultar alguna preferencia por el menor, que no había rechazado la participación, pero que no la había dispuesto”. 

    Refiriéndonos al discurso indirecto, podemos ver al narrador quien nos relata los diálogos de los personajes pero de forma más apaciguada, como se puede ver en este extracto: “Una tarde, en la plaza de Lomas, Eduardo se cruzó con Juan Iberra, que lo felicitó por ese primor que se había agenciado. Fue entonces, creo, que Eduardo lo injurió. Nadie, delante de él, iba a hacer burla de Cristián.” 

     Finalmente, podemos asegurar que los distintos tipos de discursos del relato nos permiten diferenciar pensamientos entre los personajes, el narrador, e incluso el autor del cuento. Así también, al tener acceso a diversas perspectivas, el lector puede formular su propio punto de vista de los hechos.



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